10 Diciembre 2021

La competencia por la calle: el Gobierno, el macrismo y la izquierda miden su capacidad de convocatoria

La competencia por la calle: el Gobierno, el macrismo y la izquierda miden su capacidad de convocatoria
Al festejo oficial del 10 de diciembre, la izquierda responde con un acto contra el FMI, mientras el macrismo prepara una nueva demostración "republicana" La convocatoria del Gobierno a celebrar el día de la democracia el 10 de diciembre tiene mucho de "síndrome de abstinencia": durante todo el 2020, el peronismo debió ver cómo una oposición de derecha copaba la calle con los "banderazos" y lo desafiaba a mostrar una convocatoria similar. Ahora, con el envión anímico que le dio la "remontada" electoral de las legislativas, y luego de la demostración de apoyo a Alberto Fernández del pasado 17 de noviembre -en el Día de la Militancia- el peronismo se ha propuesto un nuevo objetivo político: demostrar que vuelve a ser el protagonista de la calle. La efeméride del regreso a la democracia es la excusa perfecta: da un matiz institucional y pone en una situación incómoda a parte de la oposición, sobre todo la Unión Cívica Radical, dado que en la fecha se hará un tributo a Raúl Alfonsín. La invitación a figuras políticas del ámbito internacional -con la presencia estelar del ex presidente brasileño Lula Da Silva- pondrá el condimento como para que el 10 de diciembre pueda estar a la altura de los grandes actos que fueron la marca registrada del gobierno de Cristina Kirchner. En aquellas ocasiones -y, en particular, en la espectacular jornada del Bicentenario, el 25 de mayo del 2010- el kirchnerismo lograba renovar los lazos afectivos con la militancia, al escenificar grandes actos en los que se mezclaba historia, cultura y política. Las cuidadas transmisiones televisivas a cargo de la productora "La Corte" contribuían a darle a esos festejos un tono épico. Ahora, el mensaje que quiere dar el Gobierno es que lo peor de la pandemia ya pasó, que el país está otra vez en la senda del crecimiento económico y que el peronismo en el poder recuperó la unidad y la mística. De hecho, se destacó la convocatoria realizada por la propia Cristina Kirchner y los pedidos de los dirigentes kirchneristas a "reventar la plaza". Una actitud ciertamente distinta a la que había adoptado el sector kirchnerista en el Día de la Militancia, cuando se sumó a último momento y con desgano a un acto en el que el Presidente mostró, por primera vez, una capacidad de convocatoria propia. En aquella ocasión, arropado por el apoyo de los sindicatos y los intendentes del conurbano, Alberto se animó a lanzar desafíos a Cristina y dejó un mensaje de autoafirmación en el liderazgo político del Gobierno, con el horizonte de retener el poder en 2023. Ese día, la presencia de La Cámpora había sido un acompañamiento en segundo plano, a tal punto que la columna principal llegó a la plaza cuando el Presidente ya había terminado su discurso. Una actitud muy diferente a la de los últimos días, en que los kirchneristas llamaron "a reventar la plaza". Ahora, en cambio, se espera dar un mensaje de relanzamiento con una coalición que recupera la esperanza, y que además ve cómo la oposición, luego de haber obtenido una resonante victoria en la elección legislativa, ya muestra fisuras internas. El regreso al "territorio natural" del peronismo Durante más de un año, en parte para cumplir con la propia consigna de mantener la restricción sanitaria, pero también en parte porque se encontraba en su peor momento como para convocar a manifestaciones de apoyo masivo, la coalición gobernante se resignó a que su "territorio natural" pasara a ser ocupado por otras fuerzas políticas. Era la época en que Alberto Fernández prometía que ya llegaría el momento del desquite, al afirmar: "El día que termine la pandemia habrá un banderazo de los argentinos de bien". De esa manera consolaba a los militantes ansiosos que querían salir a responderle a las manifestaciones de los opositores. Pero, en plena cuarentena, el Gobierno no podía hacer otra cosa que criticar "las marchas de los contagios" y denunciar la irresponsabilidad de los líderes opositores que convocaban a las concentraciones. El argumento oficialista era que los manifestantes constituían una derecha incivilizada, negadora de hechos científicos –"terraplanista" era la expresión preferida- y que dejaban traslucir una actitud egoísta. Recién en la efeméride peronista del 17 de octubre del año pasado, Alberto admitió que se realizara una marcha "pero manteniendo la distancia social". Y lo cierto es que recién cuando pasaron las elecciones legislativas, y tomando como excusa el Día de la Militancia, se produjo la primera gran concentración peronista desde que empezó el período de gestión Alberto-Cristina. Fue, en varios sentidos, una liberación para el Gobierno. No solamente porque podía volver a la convocatoria callejera sin que ello fuera señalado como una contradicción con su política sanitaria sino, sobre todo, porque finalmente tenía un motivo político digno de festejo, luego de una larga saga de contratiempos. Es por eso que ahora se presenta la convocatoria a los actos masivos casi como un premio a la paciencia que mantuvieron los militantes durante la fase de la cuarentena. "Hoy podemos disfrutar de la cultura porque fuimos responsables y solidarios cuando debíamos serlo. El ser humano necesita del arte para vivir, para cultivar su alma. Por eso, debe llegar a todas y todos", dijo el Presidente al anunciar el programa "Más Cultura", que incluye becas para 400.000 jóvenes. Por cierto que toda alusión a la "responsabilidad y solidaridad" en medio de la cuarentena significa para Alberto Fernández un terreno resbaladizo luego del escándalo político provocado por la fiesta de cumpleaños clandestina en Olivos, que le causó un costo electoral. Pero, como dijo Alberto en el Día de la Militancia, ahora empieza la segunda parte. Que, para el peronismo, es casi como decir que empieza su gestión de verdad luego de "las dos pandemias". La certeza de un próximo acuerdo con el Fondo Monetario Internacional le da, además, el tono de optimismo sobre la recuperación de la economía. La izquierda, con una consigna incómoda para el Gobierno Pero está quedando claro que la oposición no está dispuesta a hacerle tan fácil al peronismo su regreso a la épica militante en las calles. Un día después de los festejos por el 10 de diciembre, el Gobierno tendrá dos respuestas, una por izquierda y otra por derecha. En fuerte contraste con la intención de Alberto Fernández, que quiere presentar el acuerdo con el FMI como el último escollo a salvar para iniciar un período de crecimiento, los partidos de izquierda convocaron a una masiva protesta en la plaza de Mayo en la cual, precisamente, el leit motiv será el rechazo al FMI. "Todos a la Plaza contra el Fondo" y "No al pacto con el FMI y al pago de la deuda" son las consignas con las cuales se aunaron más de 100 organizaciones, entre las que sobresale el Frente de Izquierda, cuyos nuevos cuatro diputados juraron en la asunción de sus bancas denunciando un ajuste en preparación por parte del Gobierno. Si bien la izquierda tiene una larga tradición de convocatoria callejera en rechazo a las políticas económicas, en este caso para el peronismo no se trata de una marcha más. Una de las preocupaciones fundamentales es pasar un diciembre en paz, sin que se produzcan desbordes en la protesta social ni situaciones de saqueos en barrios marginales, como ocurrió en otros años. Para ello, resulta fundamental contar con el apoyo de organizaciones sociales y líderes piqueteros, que ayuden a contener y canalizar el malestar social por la crisis económica. Desde ese punto de vista, un acto de la izquierda que resulte multitudinario y pueda transformarse en una respuesta contundente al acto del Gobierno, justo un día después, puede transformarse en el mensaje político que la Casa Rosada quiere evitar. Un banderazo en momento de división interna Pero ese no será el único desafío al regreso peronista a las calles. También la oposición macrista convocó a manifestarse el día siguiente, en el Obelisco, a pocas cuadras de donde la izquierda lanzará sus consignas anti-ajuste. La convocatoria a un nuevo "banderazo" el 11 de diciembre se había empezado a gestar en las redes sociales, como respuesta al triunfalismo que exhibió el Gobierno después de haber perdido las elecciones legislativas. Y tuvo un refuerzo por la indignación que generó el sobreseimiento de Cristina Kirchner en la causa judicial Hotesur-Los Sauces. Sin embargo, el ambiente previo es de menor entusiasmo que el de otros banderazos masivos, como los de apoyo a los productores agropecuarios, o los que se realizaron en el momento de mayor indignación por la revelación del "vacunatorio VIP". Entre los propios militantes opositores surgió un cuestionamiento al efecto decreciente de estas manifestaciones, que no logran generar el cambio político deseado y que, por un efecto de repetición, provocan cierta reacción de hastío por parte de la militancia. La oposición cercana a Macri convocó a una protesta al día siguiente del acto oficial, pero esta vez se nota menos entusiasmo en la convocatoria La oposición cercana a Macri llamó a una protesta al día siguiente del acto oficial, pero esta vez se nota menos entusiasmo en la convocatoria Pero, además, en los últimos días quedó en evidencia que hay una fisura creciente entre la oposición "dura" liderada por Mauricio Macri y Patricia Bullrich, junto a un sector de la UCR, y por otro lado el sector "dialoguista" que se encolumna detrás del jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta. La realidad ha demostrado que estas dos facciones sólo se unen cuando perciben el peligro de una avanzada del kirchnerismo. A juzgar por ciertas actitudes recientes -como la reunión del ministro de Justicia, Martín Soria, con la Corte Suprema de Justicia- habría motivos para reciclar la consigna de "defensa de la República" y el repudio al intento de intervenir el poder judicial. Hasta ahora, sin embargo, se percibe menos entusiasmo por la demostración callejera que en otras ocasiones. Aunque claro, no está dicha la última palabra. El propio festejo oficialista del 10 de diciembre podría funcionar como elemento disparador para que la oposición quiera mostrar su capacidad de convocatoria. En todo caso, este fin de semana dejará en claro que cierta "normalidad" está regresando a la Argentina: las grandes corrientes de opinión vuelven a medir sus fuerzas en la calle como escenario de disputa política.